Madre mía, pero cómo es que uno sale de tanto caos?
Esta es la frase que llevo semanas repitiendo en mi cabeza y el eco se hace más fuerte durante las noches, cuando curiosamente me pongo a pensar en todos los cambios que espero hacer en mi vida. Es en las noches cuando me fajo a hacer listas, planes, tableros de Pinterest, alertas en el celular y vayan ustedes a saber qué más... lo particular de todo este asunto es que tengo un problema fuerte para ejecutar.
Tengo 37 y aún no encuentro la fórmula mágica para hacer que todo funcione, o al menos para hacer que todo se mantenga en un perfecto equilibrio. La verdad es que la vida misma es una maraña más compleja que la que se me hace en el cabello cuando se me olvida peinarme.
Estoy en este momento escupiendo ideas aquí, creo que me cuesta incluso hilar los pensamientos y eso es precisamente lo que me oprime el alma, el saber que antes era tan jodidamente buena escribiendo y que ahora tal vez alguien me lea y quede con cara de ¿?.
Anoche hice una lista, bastante larga por cierto, en la que enumeré todo lo que debía hacer hoy (y digo debía porque ajá, son cosas que no se pueden descartar). Lo cierto es que, aunque la lista me ayuda, me siento bastante estresada porque son casi las 6:30 de la tarde y aún me faltan un montón de cosas que hacer.
Hace un tiempo, cuando iba a terapia, mi psicóloga me decía que, de alguna manera, siempre buscaba formas de autosabotearme, porque realmente me había acostumbrado al caos y al drama... y al ver la lista de más de 40 ítems, me pongo a pensar que Ale realmente tenía razón.
Vivir en caos se ha vuelto una especie de zona de confort de la que no puedo -ni quiero- salir (al menos en el fondo de mi mente debe verse como algo súper divertido).
Vamos a ver si mañana logro todo lo de la lista que haré hoy, cuando los susurros de mi mente me saboteen a la hora de dormir...

